Algunas personas pueden calmar dolores con sus manos o, incluso, sanar dolencias espontáneamente. En el ámbito familiar se usa con frecuencia la imposición de manos ("mamá, ponme las manos aquí, que me duele la barriguita", dice el hijo). Lo hacemos sin darle mayor importancia, como algo natural, propio de la convivencia, pero, en muchísimos casos, constituye un remedio realmente efectivo.
En realidad, cualquier persona puede ofrecer sanación a otra, si lo intenta. Los resultados son siempre verdaderos, incluso aunque los implicados no "sientan" la energía circular propiamente, porque la intención de sanar, ya sana. Las "intenciones" gobiernan nuestra vida entera y cuando deseamos sanar a otros, la sanación puede llegar a aparecer de una manera u otra.