El Reiki se le puede dar a los enfermos en cualquier momento que lo deseen porque no tiene ninguna contraindicación y se puede combinar perfectamente con cualquier tratamiento médico convencional.
Lo ideal es preguntar al enfermo si le apetece una sesión de Reiki, pero si no podemos hacerlo (porque su enfermedad no le permite comunicarse, por ejemplo), podemos intentar realizar la imposición de manos espontáneamente y observar cómo reacciona. Según sea su reacción, deduciremos cómo actuar.
Al mirarle comprenderemos si le está agradando recibir el tratamiento o no. Si sospechamos que no le apetece, retiraremos las manos respetando su deseo. A veces, a las personas no nos apetece recibir Reiki y hay que respetarlo.