Cuando perdonamos a una persona que nos ha agraviado conseguimos que desaparezca de nuestra vida el resentimiento hacia esa persona.
El resentimiento nos hace mucho daño a las personas y es fuente de enfermedad y de infelicidad. Superar la rabia y el odio que acompañan al resentimiento es también fundamental en el proceso de perdonar.
En realidad, cuando perdonamos al otro no le estamos haciendo a él ningún favor.
El favor nos lo hacemos a nosotros mismos porque perdonar nos libera de seguir sintiendo rencor. Cuando perdonamos conseguimos ser más felices.
Para que la liberación cause un verdadero beneficio emocional, el perdón tiene que ser auténtico, tiene que proceder del corazón.
Si el daño ha sido importante, nos puede llevar toda la vida perdonarlo. Pero, incluso en este caso, merece la pena embarcarnos en el afán de perdonar. Porque siempre, en todos los casos, el que se beneficia emocionalmente es EL QUE PERDONA.
A veces, con mucha frecuencia, a quien tenemos que perdonar es a nosotros mismos y esto puede convertirse también en una tarea muy ardua.
Para superar la rabia y el odio mientras intentamos perdonar, podemos hacer trabajo interior desde el sentir.
Para perdonar podemos intentar alguna de las siguientes fórmulas: