El cuerpo humano tiende a la salud. Es su tendencia natural. De hecho, tiene sus propias fórmulas de autosanación.
La inflamación o la fiebre, por ejemplo, aunque nos molestan mucho cuando sobrevienen, son en realidad dos respuestas fisiológicas excelentes que el cuerpo utiliza para recuperar su salud.
Partiendo de esta premisa, parece que lo lógico es pensar que nuestro cuerpo debería poder sanarse de forma espontánea siempre.
En muchos casos es eso lo que ocurre. Lo vemos muy claro cuando pillamos una gripe, que nos recuperamos tan sólo con cuidarnos un poquito y pasar unos días descansando en la cama.
Sin embargo, en ocasiones, el cuerpo parece entrar en una dinámica de enfermedad de la que no consigue salir. Muchas personas padecen trastornos permamentes, males crónicos que perduran toda la vida. En estos casos, parece como si el organismo se hubiera olvidado de su capacidad de autocuración.
El Reiki contribuye a restablecer y mejora la capacidad de autosanación del organismo.