Siguiendo la fórmula convencional, empezamos abriendo la sesión de Reiki (colocando las dos manos sobre el chakra corazón agradecemos a Dios la oportunidad de poder dar Reiki). Aunque no se trata de una medida imprescindible, abrir la sesión forma parte del ritual y sirve para manifestar nuestra gratitud al universo por el bien concedido que estamos a punto de utilizar. También nos predispone a ofrecer la energía Reiki de una forma más espiritual.
Pese a lo dicho, no es una medida imprescindible. En muchas ocasiones comprobaremos que aunque no abramos la sesión la energía baja con la misma eficacia que si lo hubiéramos hecho.
A continuación, peinaremos el aura de nuestro paciente tres veces y, después, realizaremos la imposición de forma respetuosa, siendo conscientes del privilegio que estamos viviendo.
Cuando se lleva tiempo practicando con Reiki es la intuición la que guía nuestras manos.