Cuando hacemos algún bien a otros sacrificándonos por ellos creemos que detrás hay un sentimiento amoroso por nuestra parte. Pensamos que somos buenas amorosas por sacrificarnos por los demás.
Pero el acto de "dar con sacrificio" no está relacionado con el verdadero amor.
El amor verdadero lleva aparejado siempre la alegría. Cuando "damos" algo a otros con verdadero amor lo hacemos siempre de una forma "alegre", sin esfuerzo, sin sacrificio. Eso sí es, verdaderamente, "dar con amor" y se realiza siempre de forma fácil, cómoda, sin pensar en lo que vas a recibir a cambio y, sobre todo, se caracteriza porque no requiere sacrificio por nuestra parte.
Cuando nos sacrificamos por los demás, una parte de nosotros se está sintiendo mal. El sacrificio nos produce siempre rabia, en alguna medida. Nos odiamos a nosotros mismos por sacrificarnos y odiamos al otro por aceptar nuestro sacrificio.
Curiosamente, la otra persona también presiente esa rabia implícita y se siente mal consigo mismo por tolerar que nos sacrifiquemos.
A continuación presento un texto de A. S. Neil que explica qué papel juegan nuestros sentimientos en relación con el sacrificio a los demás.