Por fin, el pensamiento moderno acepta el funcionamiento energético de nuestro mundo y cada vez son más quienes asumen con naturalidad que la fuente de la vida misma es pura energía.
Cuando empezamos a trabajar con el Reiki estos razonamientos se vuelven más fáciles de comprender para nosotros. De pronto entendemos que existe una fuente de energía inagotable que mantiene vivo el cosmos y que, tras la iniciación, tenemos acceso directo a ella y podemos ofrecerla con nuestras manos. Pese a lo sobrenatural que pueda parecer que seamos capaces de transmitir la energía de la vida a través de las manos, el hecho tiene sentido si aceptamos que el cosmos es un todo del que formamos parte fundamental. Nuestra presencia resulta esencial para la existencia global del universo pues, en definitiva, es la energía lo que ha dado origen a nuestro organismo y lo que nos mantiene conectados con los demás.